ORACIÓN A SANTA GENOVEVA PARA PERSONAS DEPRIMIDAS POR UNA RUPTURA SENTIMENTAL

 
¡Oh, Dios, Padre y Señor mío
a quien alabo por su amor,
su bondad y su grandeza,
pues Tu eres todo
y sin Ti nada existe.
 
Te pido me concedas
la petición que hoy te hago
por mediación de tu devota santa
Santa Genoveva.

gloriosa, Santa mía
voluntariosa y entregada virgen
sierva de Dios, que en virginidad
iniciaste tu vida monástica,

y víctima de la parálisis,

supiste conservar el ánimo y la alegría,
sanándote a ti misma
y curando numerosos enfermos, 
concédeme sanar de la depresión,
la tristeza y la ansiedad.



 Infunde en mi la valentía necesaria
para afrontar los problemas
sentimentales y físicos que sufro,
pues me agobian y destruyen
cada momento de mi vida.
 
En esta difícil situación que me apena
y turba mi corazón, dame valor,
aleja de mi la aflicción,
renueva mi corazón,
desintoxica mi sentimientos,
para que una vez recobrado
mi buen estado de ánimo,
pueda empezar una nueva vida
abriendo mi corazón de nuevo,
a los bellos sentimientos que el amor procura.
 
Gloriosa Santa Genoveva,
que tu fe, fortaleza y valor infinitos
te permitieron defender tu ciudad
del enemigo invasor,
 y te hicieron predilecta de Dios,
atiende hoy mi súplica,
pues ¿quién mejor que tu,
para proveerme de ánimo y valor
y sanar mi espíritu dolorido?
 
A tus pies deposito mi plegaria,
y quedo con fe y esperanza.
 
 ¡Oh Señor y Dios Santo!
vengan en mi ayuda los méritos
de tu gloriosa virgen santa Genoveva,
para que pueda yo imitarla
en su valor, fortaleza y alegría
 cada día de mi existencia,
y para que gozando por su intercesión
de la salud del cuerpo y del alma,
pueda comenzar una nueva vida
llena de alegría y felicidad.
 
Amén.

Santa Genoveva fue religiosa francesa (c. 422–512) que vivió una vida de oración y caridad constantes, así como la austeridad autoimpuesta. Es conocida como la "Patrona de París" después de que supuestamente ayudó a evitar un ataque de Atila el Huno y evitó la hambruna al penetrar en un bloqueo militar con barcos de grano. Hay hechos de su vida que mezclan hechos con leyendas, pero no cabe ninguna duda de sus proezas históricas.


Durante muchos años, se pensó que Genoveva era una pastora nacida de padres campesinos. Pero la evidencia sugiere que este es un mito promulgado por la forma en que la santa fue representada en las pinturas. A menudo se la representaba como una pastora que sostenía una vela, un libro o una antorcha. Tales representaciones pueden haber sido meramente simbólicas.

Lo más probable, indican los expertos, es que Genoveva perteneciera a una familia adinerada. Se desconoce su fecha exacta de nacimiento, pero se ubica alrededor de 422. Nació en Nanterre, un pequeño pueblo en las afueras de París, Francia. Su padre era Severus, su madre Gerontia, y se cree que eran ciudadanos ricos y respetables.

Se le atribuye a Genoveva  la idea de construir una iglesia para honrar a los santos Pedro y Pablo, que se construiría en el centro de París. El rey Clovis comenzó la iglesia, logrando solo sentar las bases antes de morir en 511. La iglesia fue completada por la reina Clothilde. Después de la muerte de Genoveva, su cuerpo fue enterrado en la iglesia. La iglesia más tarde pasó a llamarse Santa Genoveva y fue reconstruida en 1746.

Genoveva murió el 3 de enero de 512, solo cinco semanas después de la muerte del rey Clovis. Tenía casi de 90 años. La enterraron con un vestido largo y suelto con un manto que le cubría los hombros, similar al tipo de ropa que llevaba la Virgen María.
 
El lugar de entierro de Genoveva dentro de la iglesia se convertiría en un lugar de peregrinación, ya que la gente había oído muchas historias de milagros y curas atribuidas a la santa.

Incluso después de su muerte, los milagros fueron acreditados a Genoveva. Quizás el relato más famoso involucró la gran epidemia de envenenamiento por cornezuelo (hongo) que afectó a Francia en el siglo XII. Después de que fracasaron todos los esfuerzos para encontrar una cura, en 1129, el obispo Stephen de París ordenó que el cofre con los restos mortales de Genoveva fuera llevado a través de las calles de la ciudad en procesión hasta la catedral. Según informes de la época, miles de personas enfermas se curaron cuando vieron o tocaron el ataúd. Al año siguiente, el Papa Inocencio II visitó París y ordenó una fiesta anual para conmemorar el milagro. Iglesias parisinas aún celebran la fiesta.


 

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