LA MANDRÁGORA



Una de las más famosas hierbas comúnmente usadas por los brujos es la raíz de mandrágora, que se parece vagamente a un cuerpo humano. La tradición mágica enseña que la mandrágora crece solamente debajo de la horca donde un hombre haya sido colgado y su semen caído a la tierra. Para arrancar la planta, el brujo debe esperar hasta la medianoche de una noche de luna llena. Un perro con hambre es atado a la planta y se debe tirar un pedazo de carne sobre la tierra de tal forma que el animal no pueda alcanzarlo. Mientras el perro corre tras la carne, arrancará la mandrágora de la tierra.

Los antiguos grimorios también previenen al brujo para que de antemano tape sus oídos con algodón, ya que se cree que la raíz de esta planta chilla tan fuerte cuando es arrancada, que puede matar tanto al perro como al brujo si no se tiene el cuidado apropiado.

Los usos de la mandrágora son bastante variados; se dice que las personas suelen portarla para atraer el sexo opuesto. El botánico griego Teofrasto, quien escribió una historia sobre plantas en el año 230 a. de C., indicó que la mandrágora podía usarse para curar heridas, erisipelas, la gota y el insomnio, y servir como ingrediente en pócimas de amor.


Naturalmente, las viejas instrucciones dadas por los grimoires sobre la adquisición de la planta son apenas necesarias en nuestros tiempos, y cualquiera puede conseguir la raíz comprándola en una tienda de hierbas, aunque de hecho es aún muy rara.

Casi tan difícil como encontrar la mandrágora, es conseguir los ingredientes del famoso "ungüento volador de los brujos", que se creía estaba compuesto de varias hierbas venenosas como la belladona, la cicuta y el matalobos (acónito). La combinación de dichas drogas produce vértigo, altera el ritmo cardiaco y generalmente hace que las personas sientan que están volando.

Durante la Edad Media se creía que los brujos usaban un ungüento volador como medio de transporte a sus sabbats, y muchos de los registros de juicios en la Inquisición mencionaban dicho compuesto.

Los brujos modernos no usan drogas para alcanzar estados alterados de la conciencia. Por lo general se limitan al uso de hierbas para pócimas de amor inofensivas, curas naturales y protección natural.


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