martes, 17 de octubre de 2017

COMO SE HACEN LOS TRABAJOS DE MAGIA PARA AMOR


La magia amatoria es el arte de dominar los sentidos, las pasiones y las emociones, combinándolos para que nos den el efecto deseado.
 
Para que pueda funcionar es indispensable que exista un deseo y una intención. No hablo de pasión sexual. Eso vendrá después. El deseo al que me refiero se centra en que quien solicita la magia o quien la hace debe desear que aquello que está en su mente se cumpla, le afecte o no. De hecho, será mucho más efectiva si tras el ritual para conquistar salimos a seducir como lo haríamos normalmente. Por eso no debemos caer en el error de pensar que sin hacer nada triunfaremos y, mucho menos, creer que podemos emplear la prepotencia o la extrema «seguridad» ante una relación afectiva porque tras nosotros hay un acto ritual en funcionamiento. En resumen, tenemos que comportarnos con «normalidad».
 
Otro aspecto a considerar en este tipo de artes es la influencia y el vínculo que estamos creando al ritualizar. Por eso, más vale ser moderados que pasarnos de la raya, ya que en ocasiones la influencia es tan fuerte que la persona pierde el control o inhibe sus acciones. Ahora bien, antes de recoger los ingredientes y prepararlos siguiendo las descripciones, debemos saber qué es lo pretendemos conseguir. Para ello necesitaremos programar y trabajar el rito con anterioridad.

Las cuatro normas básicas para poder trabajar en artes mágicas son desear, programar, diseñar y ejecutar.
 
Desear.
 
La petición es de suma importancia. El mago no puede improvisar ni debe dejarse llevar por el primer impulso, pues de esta forma estará desgastando y perdiendo inútilmente su energía vital.
 
Supongamos que deseamos efectuar un preparado para que en nuestra casa haya armonía. En lugar de pedir «armonía», es necesario ver antes dónde están fallando las cosas. Tenemos que saber cuáles son las causas que crean la distorsión, qué personas son las que habitualmente crean conflictos en el hogar. Por supuesto, debemos evaluar cuándo hay poca armonía en casa. De esta forma, podremos llegar al fin de la cuestión y nuestra petición será mucho más exacta.
 
Quizá, en lugar de pedir «armonía», programaremos el rito para «que haya armonía cuando se producen discusiones». Y, matizando un poco más, añadiremos: «cuando se producen discusiones entre tal y cual persona».
 
Programar.
 
Cuando tenemos claro qué es lo que pretendemos o deseamos con el acto mágico, debemos proceder a programar las actividades necesarias para poder llevarlo a cabo.
 
La programación incluirá la fecha o momento que nos resulta más recomendable para iniciar el trabajo.
 
Diseñar.
 
El diseño de un ritual consistirá en «hacerlo más nuestro». Puede que decidamos sustituir el color de una vela por otro o emplear plantas o aromas diferentes a los que se indican. El diseño pasará por saber qué elementos emplearemos y en qué orden deben intervenir en la práctica. Por supuesto, incluiremos también las frases e invocaciones que utilizaremos.

Puede que algunas de las referidas en los ritos no sean de tu gusto y prefieras sustituirlas por otras. No hay problema. Pero antes de hacerlo deberás conocer las que pongo a tu disposición y meditarlas para poder encontrar aquellas otras que te resulten más cómodas.
 
Ejecutar.
 
Si bien llevar adelante una práctica no reviste mayor trascendencia si se ha preparado de forma correcta, a la hora de su ejecución el mago debería entrar en disposición y armonía con lo que realizará. Si, por ejemplo, un ritual debe hacerse a las seis de la tarde, lo deseable es que, ya por la mañana, comiences a pensar en el trabajo de la tarde. De esta manera, a la hora de la ejecución estarás mucho más concienciado y dicha preparación te servirá para una mejor fluidez de la energía.
 
Cuando se procede a la ejecución y no se posee una total seguridad en aquello que se hace, aparecen dudas, miedos y sentimientos de incapacidad. Es normal, pero si éstos persisten será mejor dejar el rito para otro día.
 
En el momento en que pasamos a la acción, no debemos entrar a juzgar ni la validez ni la utilidad de la misma. Ya hemos decidido lanzarnos y, por tanto, en lugar de dispersarnos y perder el control o la concentración, lo que debemos hacer es centrarnos al máximo en el trabajo. No hay espacio para la duda y, como se ha visto, la eficacia del acto depende en buena medida de la fe que se tenga al respecto.


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